Estaban hartos de la monotonía de la ciudad. Cansados del mismo trajín de ir a todos lados a hacer mil cosas sin realmente sentirse satisfechos al final del día. Chesco y Farfala se conocían desde hacía ya varios años, pero su amistad se limitaba al “hola y chau”, por diferencia de edades y gustos de vida. Por circunstancias de las cosas que suelen pasar al pasar la vida, estos dos muchachos fueron a parar a “Sodoma y Gomorra”, en donde al cabo de unos meses entablaron una estrecha amistad de muy buenos amigos. Habían estado caminando durante días en las tierras perdidas donde no encontraban más que lujuria, libertinaje, todo tipo de drogas, fraudes, etc. Chesco siempre había sido sumamente avezado. Las cosas nuevas nunca las dejaba pasar de largo; cada droga nueva era una experiencia inédita para el libro de su vida y no dudaba ni un minuto en “pasarla bien”. Por otro lado, Farfala analizaba con cuidado los caminos por los que andaba. Veía todo muy cerca, pero sólo probando lo necesario para aprender y pasarla bien sin correr el riesgo de perder la cordura por una noche de satisfacción. Eran las 2 y 58 de las mañana. Hartos de caminar y de juerguear, viviendo una realidad sumamente ajena a la del día a día, se encontraron frente a frente, a centímetros de un rose de la piel. Quizás por miedo nunca se habían sincerado uno al otro para enfrentar lo que sin querer queriendo les estaba pasando. Sentían la sangre caliente en sus venas recorriéndoles todo el cuerpo. Estaban tan cerca que era casi imposible evitar aquel contacto que revelaría la furia de los besos cautivos a causa del miedo.
- No lo hagas Chesco, por favor no me beses.
- ¿Por qué no?
- Porque no está bien, nosotros sólo somos amigos…
- Sabes que no, ya no podemos seguir evitándonos.
Explotó entre ellos el volcán mas intenso de pasiones arrebatadas, y se hicieron uno durante una larga jornada de carisias, besos y sudor.
Pasaron los siguientes 13 meses jugando a quererse. Sin embargo, cuando se dieron cuenta que el mundo paralelo que habían inventado para mantener a salvo lo que ellos llamaban amor, había llegado a su fin. Quisieron echarle la culpa a un tal Sabina por haberlos enamorado noches enteras, dándoles esperanzas de algo que nunca debió comenzar. Pero no se le puede echar la culpa a nadie cuando no hay crimen de por medio. Así es cuando el amor se acaba, no hay más vuelta que darle. Lo que más rabia, ira y dolor le causaba a Farfala era dar por hecho que Chesco ya no estaba. Cayó en la cuenta que ya no estaría ahí cada vez que tuviera ganas de dar los besos que aún le quedan en la boca. Ella sentía que el cuerpo se le iba pudriendo por la falta de los besos que Chesco le regalaba al caer el alba, pero tampoco podía decir que lo necesitaba porque no se puede necesitar lo que te mata. Y a pesar de que es cierto eso que dicen que “el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”, Farfala vivía una constante agonía desde el momento en que dio a parar con Chesco.
Y pasaron las horas, que se fueron convirtiendo en días, creciendo en meses, y Farfala moría, mientras Chesco trataba de recuperar con otros cuerpos lo que ella deliberadamente le robó.
Entonces vuelve a empezar un ciclo natural que desgarra el corazón. Y es que esa es la única manera de aprender. Se nos ponen señales en el camino; avisos, flechas, “stops”, para evitar caer en las enredaderas de la mentira más grande que se invento en la historia del hombre; “Que el amor es para siempre”. Y, sin embargo, seguimos pisando el camino, minado sabiendo que las probabilidades de salir ilesos son mínimas. Luego al caer y ser destrozados nos echamos a llorar maldiciendo lo ocurrido y queremos echarle la culpa a quien simplemente fue una persona más que se cruzó por nuestras vidas. No estoy segura si es que es cierto eso de que uno encuentra a su media naranja y llega a complementarse al 100% cuando la haya. Es más, a decir verdad, creo que eso lo inventó alguien para que el ser humano tenga una razón más para mantener viva la llama de la búsqueda de una felicidad que siempre estuvo dentro de nosotros mismos, pero por miedo a la soledad no queremos verla. Hay personas que aseguran que el amor es lo más bonito que le puede pasar a alguien. Dicen que es algo que no lo puedes palpar, ver, o tocar, mas si sentir. Pero ¿qué es lo que sientes? ¿Qué es realmente eso que le llaman “amor”? ¿Acaso es algo que sucede así de repente y te agarra de sorpresa? ¿O es que a cupido se le escapa una de sus flechas y por casualidad le cae a un par de ciegos que juegan a hacerse daño? ¿Amar…querer? ¿Qué se necesita para que dos personas conozcan juntas lo que es el amor? ¿Una química que crece a medida que ambas se conocen? Rápidamente forman un vínculo de amistad, luego la confianza se va a expandiendo, descubren que tienen cosas en común y que se sienten a gusto cuando las comparten. Posteriormente los defectos más estúpidos se convierten en cualidades espléndidas que te complacen y te crea deseos que creías ajenos a ti. Este es el punto en donde éstas personas sienten lo que es el amor, la química perfecta entre dos extraños que descubrieron que forman uno solo.
Cuando las cosas llegan a un tope, éstas van decayendo lentamente como un virus que va afectando todo. Lo que antes de agradaba te empieza a joder. Y las payasadas del otro ya no provocan más tus ganas de reír. Y así empieza a terminar lo que empezó siendo lo mejor de tu vida. Es un instante el amor para siempre.
Pero todo evoluciona. Farfala desapareció, o mas bien se tomó un tiempo para ver que pasa allá afuera….Encontró de todo mientras se paseaba en el tren de los sueños de plastilina. Y cuando paró en el espacio sideral, alguien dijo su nombre y se acordó de mucho y se le olvidó que lo había olvidado. Ella ya no quiere regresar al mundo de papel porque las agujas del reloj le dijeron que el tiempo no avanza para atrás. Sabe que se va, ella también se fue. Pero lo tiene guardado en una cajita de fósforos que se robo de un carro rojo. No tiene la más extravagante idea si algún día volverá a ver su carita, pero espera que le vaya bien. Tal vez, quizás, de repente no, pero probablemente si, algún día llegue a sus manos el libro que Chesco un día le hizo escribir. Ya están anunciando que el tren que va a partir una vez más y Farfala no se quiere perder el viaje hacia el final del arco iris, debe ser insólito verlo de cerca….cada uno da lo que recibe luego recibe lo que da…nada es mas simple no hay otra norma, nada se pierde todo se transforma….la, la, la, la…..como dice la cancion!
Lo que un día hubo entre Farfala y Chesco, hoy no es más que un vago recuerdo de dos cuerpos que un día se entrelazaron para sentir sensaciones nuevas.
L'estremità.
Tuesday, January 12, 2010
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