Wednesday, January 13, 2010

Él y Ella.

Me voy a tomar el atrevimiento de decir que la historia entre ellos ha terminado. Ninguno de los dos ha dicho nada, pero los hechos hablan por si solos, sobre todo cuando cada quien se va sin decir nada. Dicen que el que calla otorga, y no tengo idea si esa frase tiene que ver con lo que intento contar, igual no me interesa, la escribo porque me gusta y nada mas.
Él la quiere, lo se porque una persona no permanece colgando de algo por mas de dos meses sin tener algún tipo de interés o cariño, y menos dos años, ya que es demasiado tiempo por interés, yo creo que es apego, o quizás amor. Su manera de querer es extraña, bastante mundana y vaga. No dice nada romántico, no hace nada extraordinario, sin embargo la llama a todas horas, le revienta el móvil como si estuviera en medio de una emergencia, y solo dice “¿Que hay?”. Ella….ella esta confundida, o mejor dicho aburrida. No quiere que él la deje de querer, porque le gusta saberse deseada, querida, perseguida y hasta hostigada. Esto la hace sentir importante. Pero no lo quiere de verdad. Lo aprecia, lo estima mas no lo ama. Han pasado muchas cosas entre ambos, y eso complica el “adiós”. ¿Que pasó? La amistad se quebró cuando el sexo intervino. A pocas palabras, buen entendedor. No veo la necesidad de dar más explicaciones. Me da mucha pereza dar detalles de las cosas infrahumanas que sucedieron entre los dos, y que por ende se les hace difícil marcharse, aunque él ya se haya ido, o quizás nunca estuvo realmente.
Durante varios meses, intentaron alejarse. Aunque decir “alejarse” es un poco irónico teniendo en cuenta que viven en países diferentes. Pero a pesar de la distancia aun mantenían el contacto….y los sentimientos no saben cuando los cuerpos están distanciados. Éstos simplemente crecen de acuerdo a la manera que son alimentados. Pasaron un poco menos de once meses, o derepente fueron nueve, o quizás doce, es un detalle un poco vago en mi memoria, sin hablar. Por ahí uno que otro mail aparecía en sus bandejas de entrada de sus correos electrónicos, pero no decían nada más que un simple “Hola”. Luego la rueda dio otro giro, y se reencontraron un día por medio de un chat muy usado a nivel internacional.
De esa manera volvieron al cochino círculo vicioso de quererse pero desearse en cuerpos diferentes. A pesar de que cada quien vivía su vida personal de la manera como mas les convenía, siempre volvían uno al otro buscando algo que no encontraban en otros, y muchos menos en ellos mismos, aunque esto ultimo no lo sabían o no querían aceptarlo. Se llamaban con frecuencia; a todas horas y en todos los estados.
El apetito sexual entre ambos aumentaba sin medida. Y es que se llega a un punto en el que una “relación” no sobrevive solo a base de largas conversaciones telefónicas, se necesita acción. Así pues, empezaron a jugar que se tocaban por teléfono, lo cual hacia que sus ganas de revolcarse aumentaran como espuma efervescente. Después de veinticuatro meses de ausencia física, finalmente el reencuentro llegó.
Al parecer el tiempo no había dejado huellas en sus cuerpos. Todo se mantuvo intacto, aunque los desgarres en sus almas mostraban las cicatrices de las cosas vividas y perdidas.
Empezaron el festejo de volverse a ver en un bar bastante criollo, por no decir de mala muerte, en donde los pisco sours iban y venían como por arte de magia. En realidad quizás solo fueron un par para ambos, pero las circunstancias parecían influenciar al efecto del alcohol. Hablaron de mucho pero no dijeron nada. Los temas eran irrelevantes, porque ambos sabían a lo que iban; desquitarse por fin en una faena de besos y caricias apasionadas para irse juntos hasta nirvana.
Las miradas se perdían entre las luces tenues de aquel lugar en donde parecían ser los protagonistas de una escena de amor. Las manos entrelazadas, hablándose muy cerca, casi rozándose los labios. Los besos iban y venían hasta que las ansias de revolcarse no pudieron más y de esta manera emprendieron viaje hacia un hotel cercano en donde según ellos tendrían el mejor sexo de sus vidas. Que ilusos.
Sin detallar más de lo que ocurrió en esa habitación, me limitaré a decir que todo lo que habían imaginado y lo extasiados que creyeron que estarían al final de la jornada, no fueron más que un conjunto de ilusiones fallidas.
Estuvieron tres horas intentando arrugar sabanas, sin embargo lo único que lograron fruncir fueron los delirios de creer que uno era para el otro.
Dicen que el sexo no lo es todo. Y quizás sea cierto, pero lo que si es verdad es que la parte sexual de una relación de pareja, juega un papel muy importante en cada una. Ya que cuando el sexo no funciona para alguno, la relación se deteriora. Para mi el sexo es la culminación y el comienzo de etapas en la vida de una relación. El acto sexual es lo que determina si una trasciende y se fortifica, o simplemente se deteriora y termina asesinándola.
Eso paso entre él y ella. Habían soñado tanto con esa noche, y no porque nunca se habían acostado, ya que lo habían hecho en repetidas ocasiones, si no porque esta vez, mas que tener sexo, iban hacer el amor. Falso. No hicieron el amor y mucho menos sexo. La química entre ellos se había muerto en el momento en el que él la cambio por un cuerpo barato y sucio. A pesar de que ella lo había perdonado, o creyó haberlo hecho, en el fondo, no fue así. Cuando se hallaba en aquella habitación, desnuda, sintiendo como la tocaba, como la besaba, le fue imposible evitar pensar que de la misma manera la había tocado a la otra. Que le había dicho las mismas palabras, y poco a poco fue llenándose de asco, de odio, y todo lo que en un principio la llevó a querer acostarse con él, se evaporó. Se puso tensa y consecuentemente se contrajo por completo.

-Basta, esto no esta funcionando, le dijo ella.
-No, no digas eso, vamos a seguir intentando, relájate.
-No me digas que me relaje, ya no quiero seguir aquí, llévame a mi casa.
-Creo que no hay química entre nosotros.

Si es que aun a ella le quedaban ganas de seguir arrugando sabanas, después de escucharlo decir “creo que no hay química entre nosotros”, se le fueron por completo. Si es que no había química, ¿que diablos hacían ahí? Y mas aun, ¿que carajo quería seguir insistiendo él si es que no sentía química con ella? Y lo cierto no es que no había química ya que la habían tenido siempre, lo que pasa es que uno de los efectos secundarios de la cocaína es ser impotente y a el le encantaba coquearse, y no lo había dejado de hacer antes de recogerla.

En vista de que las cosas no daban para mas, se vistieron y se largaron de aquel hotel de quinta. Ella estaba desgarrada por dentro, pero no daba ninguna señal de eso. Quería llorar, salir corriendo, decirle mil cosas pero calló. Él por su parte, tampoco decía nada, solo hacia bromas de mal gusto, y hablaba incoherencias. Los cuarentisiete minutos de camino hacia la casa de ella, se hicieron interminables. Era inevitable llegar a la conclusión de que la historia entre ellos estaba por terminar, y esta vez para siempre. Todavía quedaban muchas cosas por decir. Sacar a relucir sentimientos, hablar de lo que pudo y no fue, o de lo que fue y no debió ser. Pero ambos permanecieron en silencio, como aceptando que el amor entre ellos estaba dando sus últimos latidos.

Cuando él detuvo el carro para que ella pudiera bajarse, y entrar a su casa, la miro de una manera extraña. Nunca antes la había mirado así; con tristeza, con dolor. Ella quiso llorar, pero se contuvo una vez mas ya que nada podía hacer que las cosas tomaran otro rumbo.

-Ya me voy, dijo ella.

Él no dijo nada, le dio un beso en la boca que le supo a despedida, y procedió a enrollar uno de esos cigarros que te causan risa. Ella simplemente bajó del auto y le pidió por favor que esperar a que entrara. Él asintió con la cabeza, sin pronunciar palabra.
No volvieron a hablar en los siguientes días. Ella aun no procesaba muy bien todo lo acontecido, y sobre todo el desenlace que aquella historia había tenido. Sin embargo las ganas de saber de él, de oír su voz pudieron más que cualquier fin y procedió a llamarlo.

-Hola, ¿como has estado?, le pregunto ella con entusiasmo.
-Bien. El por su parte estaba sumamente parco, sin ganas de hablar.
-Te estuve llamando, pero parece que estabas ocupado.
-Si he estado haciendo mil cosas, y hoy también tengo mucho que hacer.
-Entiendo…bueno solo te llamaba para saludarte, cuídate un beso.

Al colgar se sintió estupida. ¿Que demonios hacia llamándolo si ya estaba mas que claro que entre ellos todo había terminado? Poco a poco fue recapitulando en su cabeza todo lo que vivió con él. A pesar de que ella pregonaba que él era un buen amigo, y que la quería, a su manera, pero la quería, fue atando cabos y cayo en cuenta de que el jamás le dio su lugar en frente de la gente. Que su romance siempre fue a escondidas, y que ninguna vez le había dado muestras de afecto en público.
Sintió rabia, odio, pena, pero sobre todo sintió dolor. No quiso saber nada de el a pesar de que estuvo, en muchas ocasiones, a punto de marcarle al móvil. Finalmente rompió palitos, como quien dice. Abandonó cualquier signo vital que había dejado aquel amorío que la destruyó durante tres años. El tampoco hizo nada por verla o hablarle. Desapareció como por arte de magia sin dejar rastro de existencia. Ella nunca supo que fue lo que él realmente sintió por ella y él nunca supo que ella quizás, si se enamoró de él.

Una vez mas una historia de amores prohibidos llegó a su fin. No se nada de ella y menos de él. Solo se que a veces es mejor no decir nada y simplemente marcharse. Las palabras estan de más cuando las miradas nos gritan que es hora de decir adiós.
L'estremità.

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